18/3/26

Aves de Ludwig Heinrich Jungnickel























 Ludwig Heinrich Jungnickel nació el 22 de julio de 1881 en Wunsiedel, en la Alta Franconia. Asistió a la escuela de artes y oficios de Múnich. A los 16 años, emigró a Nápoles, donde permaneció casi un año y se ganó la vida copiando. En 1898 llegó a Viena y se unió a Josef Hoffmann, Alfred Roller y Gustav Klimt. Ese mismo año, ingresó en la Academia de Viena y estudió con August Eisenmenger y Christian Griepenkerl. William Unger le enseñó grabado

En 1906 se trasladó a Múnich, donde trabajó para Carl von Marr, pero ya en 1907 regresó a Viena. En 1911 fue nombrado profesor en la Escuela de Artes Aplicadas de Fráncfort del Meno, donde se convirtió en portavoz de las iniciativas artísticas modernas, aunque sin lograr imponerse. Consciente de ello, abandonó Fráncfort y volvió a Viena para establecerse allí definitivamente.

Además de las exposiciones en Viena, también expuso sus obras en Berlín, Múnich, Düsseldorf y otros lugares.

Ha cosechado éxitos internacionales desde 1910, como lo demuestran los numerosos premios y galardones recibidos tanto en su país como en el extranjero. Un hito en la obra de Jungnickel es la serie de diez grabados en madera a color con animales del zoológico de Schönbrunn, que creó con una subvención imperial y por la que recibió el premio de diseño gráfico en Roma en 1911.

El año 1938 marcó un punto de inflexión en la vida de Jungnickel: sus expresivas pinturas de animales fueron calificadas de "degeneradas" y expuestas en 1939 en la muestra "Arte Degenerado". Ese mismo año emigró a Yugoslavia, donde permaneció hasta 1952. Tras su regreso, vivió en Villach y Viena, donde falleció el 14 de febrero de 1965.

https://www.kovacek.at/en/13717/ludwig-heinrich-jungnickel

10/3/26

LAS TRES SOLEDADES / Alfredo Moffatt.




LAS TRES SOLEDADES / Alfredo Moffatt.

Existen tres clases de soledad, la soledad urbana como incomunicación, la soledad como depresión clínica y la soledad necesaria para construir el dialogo interno como individuación.
La primera se da en las grandes ciudades con el hacinamiento urbano, el otro es un desconocido que nos deja solos. El vecindario, que era la red comunitaria que sostenía a las familias y entrelazaba los vínculos sociales, desapareció en la uniformidad del hacinamiento. Por último la familia, sostén de la subjetividad, involucionó; de la familia tradicional con padres, abuelos, tíos, que constituían un grupo de contención de las ansiedades psicológicas, se redujo a la familia nuclear: padres y uno o dos hijos y actualmente, con la desocupación, el padre deja de proveer y queda la madre jefa de hogar que debe ir a trabajar y los niños quedan a cargo del “tío televisor” que lo instala en un mundo de juegos virtuales que finalmente aumentan la soledad.

Nuestra sociedad optó por el modelo del individualismo competitivo, de origen norteamericano, que asegura la soledad y hemos abandonado nuestra cultura criolla que era solidaria y familiera, pero debo aclarar que en nuestras ciudades del interior todavía existe la cultura tradicional y comunitaria.

La soledad como angustia psicológica es una vivencia de la clase media y alta, en la cultura de la pobreza la interacción de los habitantes es intensa, las exigencias de la sobrevivencia llevan a una intensa cooperación. En nuestros comedores en las villas, los chicos corren en bandadas, jugando e inventando juegos entre ellos, muchas veces hay hambre pero nunca soledad.

En las grandes ciudades, especialmente Buenos Aires, estamos en “arresto domiciliario” (con rejas y todo) pues la calle se convirtió en peligrosa y ajena.

Todo esto nos lleva a construir una cultura virtual, electrónica donde al mundo lo define la televisión. Los niños no juegan si no ven jugar y los adultos no conversamos si no vemos conversar. El chateo y el cyber-sex, nos permite la ilusión del encuentro, donde puede suceder que hayamos seducido a una rubiecita irlandesa y termina siendo un travesti del Congo Belga, mis pacientes del hospital Borda hace años que “chatean” con los marcianos sin necesidad de la aparatología electrónica.

Todos estos recursos electrónicos nos dejan más solos que antes porque impiden el verdadero contacto directo y afectuoso que nos saca del sentimiento de soledad.
He vivido en sociedades donde la soledad urbana es aguda, en Nueva York viven millones de habitantes, solos y amontonados, podemos suponer que se podría ser sordomudo y ningún vecino se enteraría, nadie habla con nadie (excluyendo a los negros e hispanos que no pueden evitar charlar y abrazarse).

En oposición he conocido sociedades donde es muy difícil experimentar la soledad: en la lejana India y la cercana Bolivia existen culturas de intensa participación comunitaria, la calle es el lugar del encuentro e interacción afectuosa, las calles están habitadas.

La segunda forma de soledad depende de traumatismos vinculares, son los duelos por pérdidas. La muerte de un ser querido o separaciones traumáticas de pareja, dan lugar a depresiones con intenso sentimiento de soledad, pues estas pérdidas nos dejan sin proyecto, como detenidos en el sentimiento de existir porque todo proyecto es con otro y si el otro no está perdemos ese futuro que íbamos a vivir juntos.

La situación de máxima soledad humana es el brote psicótico, cuando se desencadena una psicosis, donde la persona vive la inaguantable ausencia de su propia identidad, se pierde a sí mismo, e inventa un delirio para salir de esa vivencia insoportable pero queda encerrado en los personajes de su delirio.

Por último me voy a referir a una soledad necesaria que es la que nos lleva a la autonomía, tiene que ver con la construcción de la subjetividad, es decir con la individuación, es la relación con la propia intimidad. Me separo para poder encontrarme conmigo y armar una historia que dé sentido a mi vida.

Alfredo Moffatt. Docente Escuela de Psicología Social de la Patagonia.

27/2/26

HP Lovecraft – La llamada de Cthulhu




Lo más misericordioso del mundo, creo, es la incapacidad de la mente humana para correlacionar todo su contenido. Vivimos en una plácida isla de ignorancia en medio de los negros mares del infinito, y no estaba previsto que viajáramos lejos. Las ciencias, cada una afanándose por su cuenta, hasta ahora nos han hecho poco daño; pero algún día la unión de conocimientos disociados abrirá perspectivas tan aterradoras de la realidad, y de nuestra espantosa posición en ella, que o bien nos volveremos locos ante la revelación o huiremos de la luz mortal hacia la paz y la seguridad de una nueva era oscura.


HP Lovecraft – La llamada de Cthulhu

23/2/26

La imponente majestuosidad de los espacios sagrados segun Peter Li



El fotógrafo londinense Peter Li considera las catedrales, basílicas y espacios históricos que captura como "recipientes vivos de luz, simetría y tiempo". Techos altos, filigranas doradas y vidrieras de santos reflejan tradiciones religiosas y crean un santuario para dichas prácticas. Ya sea en el luminoso estilo gótico o en el imponente barroco, estos espacios también suelen ser maravillas arquitectónicas, que Li documenta con un enfoque casi retratista.

Muchos de sus panoramas abarcan 180 grados y ofrecen una visión simétrica y reflexiva del espacio mediante un meticuloso proceso de costura. Esta perspectiva acentúa el efecto dramático y envolvente de estar bajo bóvedas de crucería ascendentes y majestuosas columnas.











https://www.thisiscolossal.com/2026/02/peter-li-architectural-church-cathedral-photos/

6/2/26

PARA CALIDEZ por Thich Nhat Hanh





PARA CALIDEZ


por Thich Nhat Hanh

Me sostengo la cara entre las manos.
No, no lloro.
Me sostengo la cara entre las manos
para abrigar mi soledad:
dos manos protegiendo,
dos manos nutriendo,
dos manos para evitar que
mi alma me abandone
con ira.